SOCIALISMO Y ANARQUISMO

Socialismo utópico
Se conoce con el nombre de socialistas utópicos a un grupo de teóricos de la primera mitad del siglo XIX que preconizaban soluciones carentes de sólida base científica, de donde les ha venido el nombre que se les aplica. La mayoría creía en una pacífica transformación social a través de la difusión de sus ideas, con la educación y con el propio ejemplo, proyectando la formación de futuras comunidades, sin hacer uso de la violencia. Contamos, entre los pensadores, al inglés Robert Owen (1771-1858) y a los franceses Saint-Simon (1760-1825), Charles Fourrier (1772-1837), Louis Blanc (1811-1882) y Proudhon (1809-1865):

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Robert Owen (1771-1858) era un importante fabricante de hilo de algodón que
en su fábrica de New Lanarck (Escocia) aplicó una serie de medidas para mejorar las condiciones de vida de los obreros, como la reducción de la jornada de trabajo, la subida de los salarios, la educación de los niños y la creación de cooperativas de producción y consumo. Con estos métodos, consiguió un gran éxito económico en su empresa, pero no convenció a los empresarios, por lo que marchó a Estados Unidos donde, en 1824, fundó una de esas cooperativas, la New Harmony, que terminó en fracaso. Owen destaca por ser el inspirador del cooperativismo y por su notable papel como dirigente sindical.

Saint-Simon (1760-1825) fue un noble liberal que propuso un desarrollo de  la industria tal que evitara los enfrentamientos sociales. Para ello serían los científicos e intelectuales quienes dirigirían la organización social.

Charles Fourier (1772-1837) propuso una nueva forma de organización social, los falansterios. Se trata de pequeñas comunidades (entre 1500 y 2000 personas) que se crearían por la acción voluntaria, en las que cada trabajador aportaría un capital y realizaría aquel trabajo más adecuado a su carácter, y en las que se trabajaría en armonía mutua, eliminándose el beneficio y la competencia.

Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) fue un importante teórico que participó
activamente en política. En su obra principal ¿Qué es la propiedad?, afirmaba que “la propiedad es un robo”, y que, por lo tanto, era el origen de las desigualdades y de los problemas sociales. Sus ataques al Estado, a las organizaciones políticas y a la Iglesia le caracterizan como un precursor del anarquismo.

El fracaso de las teorías socialistas utópicas favoreció la aparición de dos ideologías
revolucionarias, denominadas marxismo y anarquismo, que proponían un cambio de sociedad y establecían cómo se tenía que alcanzar este objetivo.

Marxismo o socialismo científico


El fracaso de los ensayos utópicos y de sus aspiraciones políticas en la revolución de
1848 ayudó a transformar las teorías socialistas de reformistas a revolucionarias. En la segunda mitad del XIX, Karl Marx (1818-1883), en colaboración con su amigo
Friedrich Engels (1820-1895), escribió diversas obras que constituyen el soporte
teórico de la ideología socialista. Las de mayor influencia  fueron el Manifiesto Comunista (1848), y El capital, obra de Marx, que es la crítica más seria al sistema
capitalista. El objetivo del análisis de Marx era conocer la realidad social para poder transformarla. Para ello, analizó el pasado histórico buscando en él las claves del proceso a través del cual unas sociedades habían dado paso a otras.


El materialismo histórico.

La interpretación de la historia que propuso Marx se conoce con el nombre de materialismo histórico. La historia era entendida por Marx como un proceso constante de cambio y desarrollo, en el que la economía era la base sobre la que se asentaban las sociedades. Según esta interpretación, la forma de organizar la producción y el intercambio de productos (infraestructura) condicionaba las organizaciones políticas, la mentalidad y la cultura de la sociedad (superestructura). Las causas de las transformaciones sociales había que buscarlas en la modificación de las formas de producción.

La lucha de clases.

El motor de los cambios históricos es, según Marx, la contradicción y el antagonismo originados entre las clases sociales por la posesión de los medios de producción. A lo largo de la historia, la lucha de clases entre las dominantes, poseedoras de la riqueza y, en el capitalismo, también de los medios de producción, era una constante y había provocado el paso de una fase histórica a otra. El capitalismo era una fase más de la evolución humana que permitiría llegar al socialismo, donde no existirían desigualdades sociales ni económicas.

La plusvalía.

En el análisis de la sociedad capitalista, Marx descubrió el origen de las desigualdades sociales: el enriquecimiento de los empresarios estaba motivado por la apropiación indebida de una parte del beneficio producido y no retribuido por el trabajo obrero, la plusvalía.

La sociedad comunista.

Para acabar con la explotación capitalista, Marx proclamó la necesidad de que el proletariado protagonizada una revolución que le permitiera conquistar el poder político y económico, y organizar un Estado obrero al servicio de los trabajadores. El nuevo Estado, la dictadura del proletariado, era considerado por Marx como una fase de transición, en que se aboliría la propiedad privada y se socializarían los medios de producción. Con ello, desaparecían las diferencias sociales y surgiría una nueva sociedad igualitaria. La inexistencia de clases sociales haría innecesario el Estado y la nueva sociedad, sociedad comunista, se organizaría en comunidades de producción y consumo, donde cada miembro recibiría según sus necesidades y aportaría según sus capacidades.

El anarquismo
Se desarrolla en la segunda mitad del XIX y es una alternativa distinta del marxismo. Sus principales teóricos fueron: Proudhon, Bakunin (1814-1876) y Kropotkin (1842-1921). Proudhon es autor de frases célebres como “la propiedad es un robo” o “Dios esel mal”. Bakunin fue encarcelado en Siberia por su actividad revolucionaria, se escapó y se exilió en Suiza. Teorizó que la revolución sería espontánea y protagonizada por todos los sectores oprimidos. Aunque no tienen una ideología tan definida como lossocialistas y dentro de ellos hay muchas variantes ideológicas distinguiremos varios principios:


a) Como el marxismo, el anarquismo rechaza totalmente la sociedad capitalista, surgida de la industrialización y basada tanto en la propiedad como la explotación de los trabajadores. Pretende destruir por la violencia este sistema y sustituirlo por una sociedad igualitaria. El anarquismo destaca por su exaltación de libertad del individuo, por ello puede entender esta ideología como un liberalismo llevado a sus últimas consecuencias, la completa libertad del individuo y la hostilidad hacia el Estado.

b) El anarquismo defiende la eliminación del Estado y de todas las instituciones que lo sustentan (el ejército, la Iglesia, la familia) por ser un instrumento de opresión de la clase dominante. Un eslogan clásico del anarquismo fue: “Ni Dios ni amo”.

c) Propugna la supresión de la propiedad privada, la colectivización de todos los medios de producción y su autogestión por los propios trabajadores, así como la libre federación de las comunas.

d) Los métodos utilizados por los anarquistas para llegar a la anarquía (la destrucción del Estado) fueron muy diversos, y si bien la mayoría eran pacíficos otros eran violentos, a través de atentados terroristas (la “propaganda por los hechos”) contra personalidades y miembros del Estado: asesinato del zar Alejandro II en 1881, de Cánovas del Castillo en 1897, de la emperatriz Isabel de Austria (Sisi) en 1898, del rey de Italia Humberto I en 1900, del presidente norteamericano W. Mckinley en 1901… El anarquismo del siglo XIX consideraba al campesinado y a los sectores marginados de la sociedad como la fuerza revolucionaria por excelencia y no al proletariado industrial. De ahí su mayor arraigo en países y regiones de Europa centro-oriental y mediterránea básicamente agrarios y poco industrializados. Rechaza la organización de los obreros en partidos políticos (apoliticismo).

Los sindicatos católicos


A finales de siglo el papa León XIII publica la encíclica Rerum Novarum (1891) donde critica la explotación de los obreros y sugiere la creación de sindicatos de corte católico. Estos sindicatos fueron muy minoritarios porque el obrero asociaba la Iglesia con la burguesía en el poder y consideraba que estas asociaciones estaban vendidos a los patronos

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