REVOLUCIONES LIBERALES: 1848

El ciclo revolucionario se cierra con las revoluciones de 1848 de inspiración liberal y democrática. Este ciclo es conocido como la “primavera de los pueblos”.

Las causas fueron: 

  1. ) La extensión de los principios democráticos. En 1848 se demanda no sólo el derecho al voto para todos los ciudadanos (sufragio universal masculino) y la plena garantía de las libertades individuales, sino también reformas sociales que atenúen las desigualdades. Pensadores como Marx y Engels darán su apoyo intelectual a estas demandas con la publicación del “Manifiesto Comunista” en 1848. Los revolucionarios consideran la República como la forma más adecuada de asegurar la democracia.
  2.  La crisis económica. Al principio se trata de una crisis agraria y textil, pero se extiende también a la industria.
  3. La crisis social. La burguesía ve disminuir sus beneficios; los obreros y campesinos sus salarios. Se recrudece el paro, el hambre y la miseria de las clases trabajadoras.

En Francia, el 23 de febrero de 1848 se produjo en París una manifestación contra el gobierno de Luis Felipe de Orleans.

El levantamiento de barricadas y la pasividad de la Guardia Nacional obligaron a abdicar al monarca. Bajo la presión popular se proclamó la Segunda República, una república de carácter social.

Se formó un gobierno provisional que aglutinaba a todas las fuerzas de la oposición. Este gobierno elaboró un programa de reformas políticas (sufragio universal masculino, libertad de prensa, derecho de reunión, supresión de la pena de muerte y de la esclavitud en las colonias) y sociales (derecho al trabajo, a la huelga, jornada laboral de 10 horas y creación de los Talleres Nacionales de Louis Blanc para dar trabajo a los parados).

La Segunda República evolucionó hacia posiciones cada vez más conservadoras y hostiles a la República social. En junio estalla una insurrección de las masas populares que fue aplastada por el general Cavaignac. El triunfo del llamado partido del orden en la Asamblea y la aprobación de la Constitución con un ejecutivo fuerte, impuso una república conservadora. En este contexto se produce el ascenso de Luis Napoleón Bonaparte, sobrino-nieto de Napoleón, que fue elegido presidente de la República con el apoyo de la burguesía orleanista. El desprestigio de la República, la escasa popularidad de los políticos y el temor a la revolución social favorecieron el golpe de Estado de Luis Napoleón en 1851, instaurando en 1852 el Segundo Imperio.

En Italia, los austriacos fueron expulsados de Lombardía-Véneto, pero pronto restablecieron su dominio. En Roma los revolucionarios dirigidos por Mazzini expulsaron al Papa Pío IX y proclamaron la República, pero su autoridad fue restablecida con la ayuda de Napoleón III.

El Imperio Austríaco se vio desbordado por la movilización de los húngaros y de los demócratas checos que reclamaban una mayor autonomía. Las tropas imperiales tomaron Praga y aplastaron a los nacionalistas húngaros.

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