LA ERA NAPOLEÓNICA

LA FRANCIA NAPOLEÓNICA

 El Consulado (1799-1804)

Aprovechando la inestabilidad interior, uno de los militares de mayor prestigio, el general Napoleón Bonaparte, decidió acabar con el Directorio dando un golpe de Estado el 9 de noviembre de 1799 (18 de Brumario) y estableció como forma de gobierno el Consulado.

El poder ejecutivo recaía en tres cónsules (Sieyés, Ducos y Napoleón), el primero de ellos, cargo que ostentaba Napoleón, concentraba todos los poderes. Con este acto la revolución había terminado.

En 1802 se da otro avance en la consolidación de su poder personal al ser proclamado cónsul único y vitalicio.

En 1804, se culmina este proceso, cuando se proclama a Napoleón Emperador de los franceses. El acto de coronación tuvo lugar en París ante el Papa Pío VII.

Napoleón, apoyado por el ejército y la burguesía adinerada, consolidó los principios básicos de la Revolución y anuló cualquier intento de restauración monárquica o de radicalismo jacobino.

Su actuación en política interior sirvió de modelo a otros países europeos. Con el Papa Pío VII firmó el Concordato de 1801 por el que el Estado francés se obligaba a mantener los gastos del clero, se aceptaba la venta de sus bienes y se reconocía que la religión católica era la mayoritaria del pueblo francés.

Se promulgó un Código Civil (1804), imitado luego en otros muchos países, en el que se recogían muchas de las aspiraciones de la burguesía (la libertad individual, la igualdad ante la ley y la propiedad privada).

A pesar de toda su obra, su sistema político fue personal y autoritario; el régimen constitucional con separación de poderes logrado por la Revolución se olvidó.

En resumen, para unos, la etapa napoleónica fue el epílogo glorioso de la Revolución; para otros, una verdadera contrarrevolución.

2.2. El Imperio Napoleónico (1804-1815)

Napoleón pretendió extender por Europa las ideas revolucionarias de libertad y de igualdad, pero sus conquistas despertaron sentimientos nacionales en contra de Francia.

Su proyecto albergaba una contradicción: pretendía llevar la libertad a los pueblos, pero éstos defendían su propia soberanía para decidir por ellos mismos. El objetivo final de Napoleón era establecer una Europa unida, bajo la hegemonía de Francia, mediante la creación de reinos satélites que encomendó a miembros de su familia (Nápoles, Holanda, Westfalia, España).

A estos proyectos se opusieron distintas potencias (Austria, Prusia, Rusia y Gran Bretaña) agrupadas en diversas coaliciones. Se impuso a Austria y Prusia, pero fracasó ante Gran Bretaña y Rusia.

Contra Gran Bretaña ideó, inicialmente, su invasión para lo que contó con la armada española. Sin embargo, este plan se vino abajo tras la derrota franco-española en la batalla de Trafalgar (1805).

Napoleón pensó entonces en la guerra económica contra Gran Bretaña. Se trataba de impedir su comercio con Europa: en 1806 publicó un decreto prohibiendo la importación de artículos británicos en cualquier parte de Europa.

Para aplicar el bloqueo Napoleón tenía que ocupar Portugal (1807), país aliado de Inglaterra. Tropas francesas atravesaron España rumbo a Portugal; ahora bien, Napoleón, aprovechando la crisis interna de la monarquía española, decidió ocupar también España y tras lograr la abdicación de Carlos IV y Fernando VII entregó la corona española a su hermano José, que empezó a reinar como José I. La respuesta fue la Guerra de la Independencia (1808-1813), comenzada cuando el pueblo de Madrid decidió levantarse contra las tropas francesas el 2 de mayo de 1808, ejemplo que fue seguido por el resto de España.

En 1810 el Imperio francés abarcaba la mitad de Europa. Pero su estabilidad dependía de los triunfos militares. Así, el principio del fin del Imperio se inició con la campaña de Rusia, cuando Napoleón decide invadir este territorio (1812) y ese fue su gran error.

En 1813, ante el fracaso francés en Rusia y la derrota en España, se organiza otra nueva coalición que derrotó a Napoleón en la batalla de Leipzig (octubre de 1813).

Desterrado a la isla de Elba, en el trono de Francia se reinstaura a Luis XVIII, hermano el guillotinado Luis XVI.

Sin embargo, en 1815, Napoleón regresó a Francia y restableció el Imperio (el Imperio de los Cien Días) pero fue definitivamente derrotado en la batalla de Waterloo (Bélgica, junio de 1815).

Desterrado a la isla de Santa Elena, en medio del Atlántico Sur, allí morirá en 1821.

La derrota de Napoleón no significó la derrota de su legado y de la Revolución Francesa, ya que las ideas revolucionarias y el liberalismo habían sido extendidos por sus ejércitos.

La destrucción de las estructuras del Antiguo Régimen había facilitado la aparición de procesos revolucionarios y regímenes liberales (como en España en 1812) que dejarán su semilla para el resto del siglo XIX.

Otra de las grandes fuerzas de transformación del siglo XIX, potenciada por Napoleón, fue el nacionalismo. Este sentimiento se producirá como reacción a su conquista (caso de España) o bien como un movimiento de unidad al eliminar los poderes que dividían ciertos territorios (casos de Italia y Alemania).

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