LA ILUSTRACION

LA ILUSTRACIÓN

¿Qué es la Ilustración?

El siglo XVIII, conocido como el “Siglo de las Luces” o el “Siglo de la Razón” fue una época de gran vigor intelectual que abarcó todas las ramas del conocimiento. El objetivo de los ilustrados era transformar la sociedad europea de la época mediante la difusión de la ciencia, la técnica, las artes y el pensamiento como los verdaderos caminos de la modernización y el progreso, que llevaría a la felicidad de los hombres.

Las principales características de la Ilustración son:

– Su confianza en la razón como método para alcanzar el conocimiento.

 – La libertad de pensamiento, sobre todo en las cuestiones religiosas y científicas.

 – Su ataque al dogmatismo, al fanatismo y a la intolerancia religiosa, particularmente de la Iglesia católica.

 – La creencia en el progreso tanto material como ético de la civilización.

 – La crítica a la organización social vigente basada más en los privilegios de sangre que en los méritos y capacidad, como también al caduco sistema feudal y al poder absoluto justificado tan sólo por su “origen divino”.

El pensamiento político ilustrado.

Las principales características que definen a estos pensadores son:

 – El ataque a la Iglesia católica y a la intolerancia que esta representaba.

– La aceptación de la teoría del “Contrato Social” formulada por John Locke (16321704) al decir que el gobierno de los ciudadanos nació de un contrato entre el gobernante y sus súbditos. Rechaza la monarquía absoluta y defiende que para que los hombres puedan disfrutar de sus propiedades en paz y seguridad es necesario que el poder ejecutivo y el poder legislativo estén separados.

Tres fueron los grandes “filósofos” del siglo XVIII que interpretaron estas doctrinas del contrato social.

  • El barón de Montesquieu rechaza la monarquía absoluta existente en Francia como demasiado expuesta al despotismo; por eso se declara partidario de una monarquía limitada, basada en el principio de la separación o división de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

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  • Por su lado Voltaire se manifestó como un sólido oponente a los privilegios, un defensor de la razón y un crítico feroz de la intolerancia religiosa.

  • Para Rousseau la finalidad del contrato social es formar una sociedad o un Estado que debe garantizar los derechos de los ciudadanos y asegurar el bien común del pueblo. Por ello debe descansar en la voluntad general que se identifica con el pueblo, el único depositario de la soberanía (soberanía popular). De ahí que considera la democracia como la forma más adecuada de gobierno.

El pensamiento económico ilustrado.

Las ideas ilustradas en la economía dieron lugar a dos doctrinas: la fisiocracia y el liberalismo económico.

  • François Quesnay fue el máximo representante de la fisiocracia, según la cual la única fuente generadora de riqueza es la agricultura, mientras que el comercio no es productivo y la industria trabaja con productos procedentes de la tierra, los transforma pero no crea riqueza. Los fisiócratas pretendían una amplia libertad económica y la supresión de las cargas feudales.

  • Sin embargo, el verdadero creador de la doctrina del liberalismo económico fue Adam Smith. La verdadera riqueza de un país es el trabajo de sus habitantes. Por ello, para que la economía funcione con eficacia el hombre ha de ser libre para actuar por el impulso de su interés personal y estar sometido sólo a las leyes del mercado (ley de la oferta y de la demanda). Para lograr esta libertad económica, los gobiernos garantizarían una total libertad tanto en la producción nacional como en el comercio internacional (librecambio). El liberalismo limita la intervención del Estado en la actividad económica.

 El Despotismo Ilustrado

Las ideas de los ilustrados se difundieron, primero, por Francia y, después, por todos los países europeos e, incluso, por las colonias americanas.

La burguesía las acogió con entusiasmo, ya que respondían a sus intereses e ideales. Sin embargo, también tuvieron mucha aceptación entre un sector de la nobleza y entre algunos de los monarcas absolutos, como José II de Austria, Federico II de Prusia, Catalina II de Rusia y Carlos III de España. Sus medidas de gobierno han dado lugar al llamado Despotismo Ilustrado, consistente en llevar a cabo reformas, pero sin pretender una participación popular, siguiendo el principio de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

El Despotismo Ilustrado venía a ser, también, una estrategia de los mismos monarcas para enfrenarse a la crisis del Antiguo Régimen.

La revolución francesa será la encargada de materializar el cambio, de acabar con el Antiguo Régimen; por su trascendencia la fecha de su inicio, 1789, sirve para poner fin a la Edad Moderna y para marcar el comienzo de otra nueva Edad, la Contemporánea. Del sistema sociopolítico del Antiguo Régimen se va a pasar a otro nuevo: al sistema liberal, donde la burguesía organiza un nuevo Estado basado en el reconocimiento de las libertades, en la división de poderes y en el principio de la soberanía nacional.

 

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